Análisis transaccional, la terapia basada en la comunicación

Hace mucho tiempo estuvimos hablando de Eric Berne, el padre del análisis transaccional. Esta corriente terapéutica tenía como objetivo actualizar al psicoanálisis, ya que éste tiene un lenguaje complicado y no accesible a todo el mundo. A su vez, se veía como un problema la difícil explicación de algunos de sus conceptos. Tiene su origen a finales de 1950, es decir, mediados del siglo pasado.

Ahora iremos viendo poco a poco en qué consiste este enfoque terapéutico que no consiguió calar en los círculos psicoanalíticos, pero sí que tuvo muy buena acogida en los círculos humanistas.

¿Cuáles son las bases del análisis transaccional?

Psicoanálisis

El padre de este enfoque terapéutico tenía una extensa formación en la corriente desarrollada por Freud, es más, le admiraba mucho. Sin embargo, a la luz de las críticas que le fueron lloviendo a lo largo de todo el siglo XX por parte de las corrientes más novedosas, como pudo ser Watson con el conductismo o la terapia sistémica, él quiso «modernizar» esta corriente.

Se basó en los trabajos de varios autores, pero el más famoso fue sin duda René Spitz. Si os acordáis, fue un psicoanalista francés que se dio cuenta de que los niños y niñas que se habían criado en un orfanato no salían igual de dañados emocionalmente. Con su mente científica se decidió a hacer observaciones sistemáticas de qué es lo que pasaba en estos lugares.

Se dio cuenta de que el simple balanceo de la cuna por parte de la institutriz era el elemento decisivo para una mejor o peor salud mental. Es más, descubrió que cuanto más cercanos a la institutriz estaba el o la bebé, menos síntomas depresivos tenía y viceversa. Todos estos datos y otros muchos que no he presentado, le permitieron desarrollar el concepto de depresión anaclítica y demostrar la influencia tan grande que tiene la infancia en nuestro ser adulto.

Neurociencia

Sobre esa época se comenzaron a hacer estudios con el cerebro muy interesantes, pero de dudosa garantía ética. En este caso, Eric Berne utilizó los estudios de un famoso médico de la época, Wilder Penfield, quién descubrió que si se estimulaba ciertas partes del cerebro cualquier persona podía tener un recuerdo bastante lúcido. Es más, cuanto más se estimulaba esa zona concreta, más nítido se volvía ese recuerdo.

Fueron los primeros estudios sobre la memoria. Este autor afirmaba que el cerebro era capaz de recordar con todo lujo de detalles cualquier evento de forma global, es decir, con sonidos, sensaciones, imágenes, olores, etc. Esto actualmente se sabe que no es tan certero ni tan fantasioso. Es verdad que el cerebro tiene una gran capacidad memorística, pero rellena algunas lagunas con datos que le concuerdan con lo sabido y sentido.

¿Qué tiene de revolucionario este enfoque?

Análisis transaccional en terapia de grupo

Este enfoque se utilizó sobre todo en los enfoques de carácter grupal para así poder demostrar el éxito de su corriente. A su vez, quería descartar la idea de algunos psicoanalistas clásicos que solo atendían a unos pocos pacientes al año y en condiciones bastante estrictas.

Es decir, copió la fórmula de éxito de la psicometría, los tests psicológicos, que obtuvieron su gran fama gracias a la segunda guerra mundial. Se comenzaron a utilizar de manera sistemática para poder saber qué militares podían estar más o menos alterados por la guerra, para decidir si las personas migrantes que entraban en Estados Unidos eran inteligentes o no, etc.  Actualmente todo este tipo de prácticas están mucho más reguladas y con un código ético muy férreo, pero todas y todos sabemos que siempre se han hecho barbaridades en nombre de la ciencia

Teoría de la personalidad

A diferencia de su corriente de origen, el análisis transaccional tiene la teoría de que hay tres grandes «instancias» en cada persona: Padre, Adulto y Niño. Supuestamente no son equiparables al Súper Yo, Yo y Ello freudiano, pero las diferencias son mínimas como se verán a continuación.

El Padre sería el conjunto de introyectos recibidos de manera directa e indirecta en nuestro núcleo familiar y también por los medios de comunicación. En cierta manera, Eric Berne se dio cuenta de que la influencia de la violencia televisiva era muy grande, aspecto que después desarrolló el ya fallecido Albert Bandura.

Todas las consignas que nos han explicado de manera directa, indirecta y también las incoherencias que hemos percibido de nuestros progenitores serán lo que conformen este aspecto. Se explica, que hay aspectos tan discordantes que lo que tiene que hacer la persona es reprimirlo. Se llama así en honor a uno de los primeros pacientes de Eric Berne que decía que de vez en cuando se sentía él mismo y otras veces Padre.

El Adulto es el conjunto de experiencias que ha tenido la persona, conocimientos, subjetivos y académicos, que se han ido adquiriendo y el equilibrio que se ha podido hacer con todo ello.  Sería el punto que puede dar el equilibrio a las otras dos instancias. Podríamos describirlo como una especie de cóctel entre experiencias externas e internas.

El Niño hace referencia a todas las experiencias sentidas. Todas las explicaciones que nos hicimos sobre lo que ocurría, qué nos gustaba, que no nos gustaba, etc. Como todo mundo infantil, lo que se «guarda» en esta caja es volátil con una gran carga emocional y de carácter impulsivo.

Lo más interesante viene ahora. Eric Berne se dio cuenta de que en muchos momentos en nuestras interacciones no hablamos de Adulto a Adulto, es decir, de una instancia equilibrada a otra equilibrada, si no que en algunos casos hablamos desde el Padre, deberías, tendrías que; al Niño, yo quiero, yo deseo. Con este esquema está claro que el conflicto está servido, ¿no?

¿Te interesa leer algo?

Aquí te dejo algunas referencias por si te interesa conocer más aspectos del análisis transaccional, entre ellos un libro que fue Best Seller en su época.

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